Redescubriendo el Mediterráneo (1)
Viajar es un impulso anclado en el imaginario colectivo de todos los pueblos del Mediterráneo desde hace miles de años.
Se trata no solo de un viaje físico, también mental hacia una tierra prometida que llenará al viajero de experiencias, hacia un paraíso terrenal visto a menudo como la emulación de la Arcadia.
En el paso del siglo XIX al XX se produjo en Europa un redescubrimiento del mar, y en concreto del Mediterráneo, que no había sido dado hasta el momento, y que trasciende el ámbito estético.
La exposición que presentamos quiere hacer un recorrido por esa pintura que, en el cambio de siglo, y con sus distintas particularidades, convirtió el Mediterráneo en motor de renovación del arte.
Un modo de reconciliar la mirada al pasado con un presente cambiante y lleno de contradicciones, en nombre de un clasicismo que se inscribe por derecho propio en la modernidad.
De una manera u otra, los artistas presentes en la muestra adoptaron el Mediterráneo, sus aguas y su cultura como uno de los motivos principales de sus composiciones, marcando un momento decisivo dentro de la revolución del arte y deleitándose en un instante de armonía, de
paz y de belleza en el curso de las tantas veces atormentada historia del arte moderno. (2)
Siguiendo este hilo conductor, la muestra se abre con España, donde el litoral mediterráneo es, en ocasiones, mero espacio natural que acoge a los artistas locales en sus salidas a pintar al aire libre.
Un lugar para el trabajo pero también, y sobre todo, para el placer, para el baño y los niños jugando y corriendo por la playa; es el caso de la figura de Joaquín Sorolla, Cecilio Pla o Ignacio Pinazo.
Sin embargo, nacer en el Mediterráneo también parecía proporcionar unas marcadas señas de identidad.
Así lo entendió en Cataluña el “nouecentisme”, con Joaquín Torres-García y Joaquim Sunyer a la cabeza, creando incluso un ideario y una imagen nacional basada en paisajes tranquilos y equilibrados, en una vida sencilla y natural que se quería heredera de una Antigüedad inmutable.
La visión de este mundo idealizado en los artistas catalanes Joaquim Mir o Hermen Anglada Camarasa durante sus estancias en Mallorca se aproxima más, en cambio, a la de los pintores franceses.
La isla se convierte en un símbolo de esa Arcadia que tanto anhelan, pero también en un espacio en el que experimentar con los colores puros, dejarse seducir por la naturaleza salvaje y exuberante, buscar la luz clara que desvela los matices más ricos, los contrastes más sugerentes.
Es, y lo podemos apreciar en otra sección de esta
muestra, la misma experiencia en Monet a su llegada a Bordighera, como también la de Signac en Saint-Tropez o de Derain en L´Estaque del Braque de antes del cubismo, de Renoir en Les Collettes o de Pierre Bonnard en Le Cannet.
Para los italianos, con los que continúa el recorrido expositivo, el Mediterráneo parece más bien una idea, un concepto que preside la manera de pintar.
Sea cual sea el tema, el mediterráneo como reencuentro con el clasicismo y las propias raíces parecen guiar la mano de artistas como Giorgio de Chirico, Carlo Carrá o Massimo Campigli.
Tanto la obra de Matisse como la de Picasso, con quienes se cierra la exposición, aglutinan aspectos de los pintores anteriormente citados, como si con ellos el Mediterráneo llegara a su culminación.
Por un lado, la placidez que transmiten las composiciones de Matisse, con su gusto por la pintura y por la vida.
Por otro, la ambivalencia de las obras de Picasso: narrativas algunas, también clásicas y primitivas a un tiempo, en ellas se muestra toda la agresividad y la melancolía del artista, en permanente desafío creativo y vital. Mientras Matisse celebra la naturaleza, Picasso parece no encontrar reposo y alterna estilos, buscando, sin hallarlo, el deleite de la pintura.
Y es ésta la dialéctica que habita en el seno del clasicismo, de un lenguaje al que los artistas vuelven una y otra vez mientras se abren a la modernidad.
En la fundación Mapfre se expone (y lo estará
hasta enero de 2019) una muestra muy interesante.
Sobre una pared, un texto nos recibe, (que resumo)
(2):
Nacer en el Mediterráneo parecía proporcionar unas
señas de identidad. Así lo entendió, en Cataluña, el “noucentrisme”, una imagen basada en paisajes tranquilos y
equilibrados, la herencia de una antigüedad inmutable.
En Francia, el Mediterráneo fue un lugar más para
pintar que para vivir, casi sin personajes en sus cuadros, se despliegan
paisajes con colores brillantes. Luz clara, y contrastes inesperados y
sugerentes.
En Italia, el Mediterráneo permite el encuentro
del artista con el clasicismo.
Permitió un lenguaje artístico, en un clima de
armonía, paz y belleza, lo que no es poco en la atormentada historia del arte
moderno.
ESPAÑA
A mediados el siglo XIX, la pintura moderna
encuentra en Valencia uno de sus referentes. El realismo implicó el auge del
paisajismo. Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916)
se interesa por los aspectos del Mediterráneo
como paisaje y como escenario de las actividades playeras junto al
turismo y el veraneo, fenómenos éstos vinculados a la nueva clase en alza, la
burguesía.
Joaquín
Sorolla y Bastida (1863-1923) hizo del mar el eje de toda su obra. Cataluña
es otro de los lugares donde se juega un papel central en la renovación del
ambiente artístico barcelonés, Joaquín
Sunyer (1874-1956) y el profesor, pintor, escultor y escritor Joaquín Torres García (1874-1949) son
sus mejores representantes.
Otro enclave es Mallorca, con Joaquim Mir (1873-1940) y Hermen
(Hermenegildo) Anglada Camarasa (1871-1959). Colores violentos llevados a
los límites rozando la abstracción.
Joaquín Torres-García
Paisaje (Mural de la casa del barón de Rialp).
1906. óleo sobre lienzo pegado a tabla.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
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Entre templo clásico y masía, es la casa que Joaquín proyectó en 1914 en Tarrasa.
El artista llamó a su casa “Mon repós”, Apolo y dos ninfas representa la juventud, el dios guarda en una cesta las naranjas que dos ninfas parece recoger de un árbol.
La leyenda corresponde a la escena “consagrar la vida a la verdad”, pertenecientes a las Sátiras de Juvenal.
Entre 1904 y 1907, el artista uruguayo-catalán desarrolló un lenguaje que le asoció directamente con el “noucentisme o novecentista”.
Tanto Eugenio d´Ors, principal promotor de esta tendencia publicó en 1906 su “Glossari”, como el descubrimiento de Puvis de Chavannes y su espiritualidad -basada en un arte neoclásico que busca valores trascendentes mediante imágenes de la antigüedad- influyeron en Torres García. Es importante mencionar como le influyó su viaje a Italia en 1912, fascinado por sus muralistas.
Joaquín Torres-García
Apólo y dos ninfas.
1914. Temple sobre estuco de yeso.
Centre cultural Tarrassa.
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Hermen Anglada Camarasa
Tormenta en la playa.
c.1925-1930. Óleo sobre lienzo.
Colección Enaire.
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Salvador Dalí
Bañistas de Es Llaner.
1923.Óleo sobre cartón montado sobre tablero de madera contrachapado.
Fundación Gala-Salvador Dalí, Figueras.
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Joaquím Sunyer
Pastoral.
1910-1911. Óleo sobre lienzo.
Col-lecció Nacional d´Art. Anxiu Joan Maragall.
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Ësta obra junto a
“Mediterráneo”, obras fundacionales del “noucentrisme”. fueron presentadas en
1911 en una exposición individual de Joaquím,
En su título evoca a los
poetas Teócrito (? -260 a C)
y Publio Virgilio (70 a.C.-19
a.C), en cierta forma está emulando a Henri
Matisse (1869-1954) y su “alegría de vivir”,
una arcadia feliz donde la mujer se integra con la naturaleza, madre tierra,
madre de todas las cosas.
Joän Maragall escribe presentando la obra en el número 7 de la revista Museum: “..Llegue delante de aquella “Pastoral”,
donde me pareció ver resumida, aclarada y sublimada toda la obra del artista…He
aquí la mujer…la carne del paisaje; es el paisaje que, animándose, se ha hecho
carne”.
Joaquim
Mir
Posta de sol
C 1903. Óleo sobre lienzo.
Es Baluarde Museu d´Art Modern i Cont4emporani de
Palma.
Esta obra formó parte de
un conjunto de decoraciones para lo que sería el primer hotel de Mallorca, el
Gran Hotel, que el industrial uruguayo Juan Palmer Miralles encargó al
arquitecto Lluis Domènech i Montaner. En
total 7 plafones que realizó junto a Santiago
Rusiñol. Posta de Sol es una vista de Pollença, en su parte superior la
sierra Cavall Bernat. Es la fascinación por el paisaje.
Ignacio Pinazo
Barraquetes.
Óleo sobre tabla.
Colección Particular.
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Su pintura es “la
estética de lo inacabado”.
Lluis Masriera i Rosés
Bajo la sombrilla.
c. 1926. Óleo sobre tabla.
Museu de l´Empordá, Figueras.
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Artista muy polifacético, trabajo como orfebre,
pintor, dramaturgo, y diseñador de joyas, creo la compañía teatral Belluguet y una revista dedicada a las
artes decorativas “El Estilo”.
Introdujo en Barcelona el llamado “esmalte Barcelona”, traslúcido y opaco muy
próximo al art nouveau de René Lalique.
Del
tema bajo la sombrilla realizó varias versiones. 2 figuras se sitúan bajo una
sombrilla (la playa quizás sea Sant Andreu de Llavaneres, a la cual su familia
era asidua, La protagonista es una sombrilla japonesa, y una paleta llena de
luz y color cercana al impresionismo.
Se distinguen unas figuras en segundo
plano, así como una particular transparencia del cielo y la luminosidad de la
arena. Los motivos japoneses (abanicos, quimonos, biombos) fueron muy populares en el arte francés y español de
los siglos XIX y principios del XX.
Cecilio
Pla
-Mujeres en la playa y
-Marina. Playa
Ambas c. 1925. Óleo sobre cartón.
Cortesía galería Benlliure, Valencia.
Joaquín
Sorolla
Rocas de Jávea y el bote blanco.
1905. Óleo sobre lienzo.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
Ignacio
Pinazo
Anochecer en la escollera III.
1898-1900. Óleo sobre lienzo.
IVAM, Institut Valencià d´Art Modern.
Joaquín
Sorolla
Clotilde y Elena en las rocas.
Jávea, 1905. Óleo sobre lienzo.
Colección Esther Koplowitz.
Su mujer y su hija pequeña en el verano de 1905.
Ese verano realiza setenta y cinco cuadros para la exposición individual que se
realizaría al año siguiente en París en la Galería Georges Petit.
Trasparencias, reflejos, la refracción o la
superficie especular del agua sobre la arena le seducen como enigmas visuales y
los adopta como motivos para sus pinturas.
En la orilla del mar descubre infinitos matices de color, texturas y formas que el agua revela a quien la mira con intensidad.
En la orilla del mar descubre infinitos matices de color, texturas y formas que el agua revela a quien la mira con intensidad.
Joaquín Sorolla
La hora del baño.
Sin fecha. Óleo sobre lienzo.
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Josep de Togores
Paisatge.
1917. Óleo sobre lienzo.
Museo nacional centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
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