martes, 6 de febrero de 2018

Fronteras publicado revista Coencuentros por HaKj

Fronteras 
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En el libro Cuando las catedrales eran blancas, en el capítulo Saint-Front de Perigueux, Le Corbusier sintetiza: «El pensamiento no tenía entonces ni fronteras ni nacionalidad». Y más adelante: «Observemos, de paso, que nadie sintió escrúpulos de internacionalismo cuando un abad fue enviado a Venecia para tomar las medidas de la basílica de San Marcos con el objeto de intentar imitarla en nuestro país ‒se refiere a Francia‒. Y la basílica de San Marcos, a su vez, fue inspirada por la iglesia de Santa Sofía, en Bizancio».


Este texto de 1936 del gran arquitecto, maestro de maestros, me ha llevado a pensar en los lugares y espacios que asocio a la palabra fronteras, me he asombrado de la cantidad de fronteras que existen, y que junto a cada una de ellas, existen otras. Algunas dentro de nosotros, otras fuera.

Convivimos con ellas.
No solo las ideologías imponen líneas que separan y discriminan, también las crean las costumbres, los prejuicios, los sentimientos, los miedos, los intereses…


Lo que encierra una frontera es, en muchos casos, una construcción cultural que tiene una base histórica, donde suceden las acciones sociales y las relaciones, donde se construye un sueño común de destino, 
-me tienta agregar desatino-.

No es inocente la toma de conciencia de la frontera, porque genera sentimientos de pertenencia o de exclusión. Quien es de aquí y quien no lo es, y justamente no lo es porque no pertenece al grupo de los de aquí.
Es un acierto que el término elegido sea Fronteras, en plural y no en singular. El plural amplía el panorama a analizar.

Si las fronteras existen es para ser construidas, para poder cruzarse o también para ser destruidas, y hacen referencia a las ciudades fortificadas, que tenían un motivo primigenio para existir: el poder aislar y, sobre todo, diferenciar (a unos y a otros).
Preparando estas líneas recordé algunos ejemplos, y de ellos saqué algunas ideas que comparto.

Dentro del campo de la arquitectura, una frontera separa conceptos como el interior y el exterior, el afuera y el adentro, lo público y lo privado, lo lleno y lo vacío… Pero también señala el borde, la línea, zonas de contacto, diferencias, límites… Escribe Ricardo Piglia (1941-2017) en El camino de Ida: «En el límite, el terror garantizaba el acceso a la palabra…».
Siguiendo estas ideas, me resulta natural relacionar las fronteras con los límites.


Mark Twain (1835-1910) lo explica muy bien cuando no reconoce peor identidad que la humana. 
Es una frontera que establece el límite de lo humano; «A mi edad cuando me presentan a alguien ya no me importa si es blanco, negro, católico, musulmán, judío, capitalista, comunista... me basta y me sobra con que sea un ser humano. Peor cosa no podría ser». Mark Twain (por ello es sugestivo que a su identidad le sumara un seudónimo: Samuel Langhorne Clemens).

Si a la palabra Fronteras se le agrega la preposición sin, ampliamos su definición, muchas ONGs al añadir sin fronteras confieren una cualidad a sus acciones. La negación: sin fronteras explica por sí misma que ante la inexistencia de fronteras se amplía su territorio de acción como médicos, reporteros, arquitectos, payasos, agrónomos, psicólogos, ingenieros, dentistas… SIN FRONTERAS (hay decenas más).

Otras fronteras, son frágiles e inestables ya que se establecen por convenciones, y han sido creadas (y cambiadas) para hacer visible la transgresión, cuando no es respetada. Muchas veces, tiene consecuencias y algunas de ellas muy duras, como la que vivió el arquitecto ruso Konstantín Stepánovich Mélnikov (1890-1974) quien realizó numerosas obras de altísima calidad; entre ellas el pabellón de la URSS en la exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas de Paris, o sus casas obreras, e incluso su propia casa taller en Moscú (1929) que sin embargo el régimen estalinista consideró que atentaba contra la estética revolucionaria, a pesar de que el mismo arquitecto manifestase que sus proyectos expresaban los valores sociales soviéticos revolucionarios.

Mélnikov creía en el derecho y la necesidad de respetar la expresión personal, pero ese derecho (a la expresión personal) no era compartida por el régimen y fue caracterizado como un arquitecto formalista, esa definición fue también un límite (que en este artículo utilizo como una frontera más), que en aquella época de purgas se utilizó en forma despectiva para definir a los otros.
Mélnikov fue un arquitecto utópico al que la realidad apartó de la enseñanza y de la práctica profesional. Sin otra opción, debió vivir de su pintura y, junto a su hijo, transformar su casa (hoy objeto de estudio y admiración) en un museo de sus obras pictóricas. 2
Lo que iba a ser un ejemplo de arquitectura y sistema constructivo popular, quedo como una caja vaciada de su contenido ideológico y transformada en una sala de venta de cuadros y exposición.

Algunos límites, parecieran ser también un límite a la creatividad, aunque Xul Solar (1887-1963), hermano espiritual de Jorge Luis Borges, consigue eludirlos como una forma natural de incentivar su creatividad. Crea un juego cuyas reglas cambian permanentemente, es posible jugar al panajedrez, (como lo denominó), pero sin reglas fijas conocidas, ya que la que se conoce es la anteúltima, la última regla la crea Xul en el momento de jugar. Reglas que no limitan su capacidad creativa y le permiten interactuar al jugar, ya que es Xul quien las recrea permanentemente. 3

Xul Solar tuvo siempre el deseo de eliminar fronteras, poner en diálogo culturas disímiles y posibilitar la creación de espacios de encuentro. Para ello inventa el panlengua. El prefijo pan está vinculado a la idea de totalidad o conjunto. Su objetivo no era un capricho, sino un vehículo que permitiera unir a los pueblos.

Como ya he mencionado, sabemos que dentro (y fuera) de las fronteras territoriales, existen otras fronteras, más difíciles de superar, porque son aquellas en las cuales nosotros limitamos nuestras posibilidades de cambio, como las fronteras físicas y mentales.

Por ejemplo las que limitaron (en el supuesto que fuera posible) la creatividad a Johann Sebastián Bach (1685-1750), trabajando en Weimar bajo las órdenes del príncipe Wilhem Ernst.

Había trabajado allí anteriormente durante 7 meses y decide volver. Sabía que debía aceptar fronteras políticas, religiosas y geográficas. Muchas limitaban sus intereses musicales, entre ellas la mayor fue no conseguir el puesto que deseaba y merecía.
Lo necesitaba para su desarrollo profesional y para mantener a su familia, ya tenía 5 hijos –a lo largo de su vida tuvo 20 hijos, de los que sobrevivieron 11-.

Después de 10 años de esperar cambios en su trabajo, recibe una propuesta del príncipe Leopoldo de Anhalt para ocupar el puesto de Kapellmeister (maestro de capilla, equivalente a director de orquesta) en Cöthen. Una oferta difícil de rechazar pero necesita una autorización para dejar su puesto de trabajo.

En Noviembre de 1717, con 32 años insiste en su pretensión de dejar el ducado y que se le conceda la autorización correspondiente, por orden de W. Ernst es condenado a pasar 3 semanas de prisión. (el informe del tribunal decía: << El 6 de noviembre de 1717, el otrora maestro de capilla y organista Bach fue encarcelado en el Juzgado de la Corte por forzar demasiado obstinadamente el asunto de su renuncia y finalmente fue puesto en libertad de su arresto el 2 de diciembre con una notificación desfavorable de su despido.>>

Finalmente consigue que acepten su renuncia (o despido), y le otorguen la autorización para salir de Weimar.

Es un período muy creativo, pudo componer la primera parte de El clave bien
temperado, los conciertos de Brandemburgo, las cuatro suites para orquesta, música de cámara y obras para violín, viola da gamba, flauta, etc., que llegan al límite de las posibilidades técnicas de los instrumentos, por nombrar solo alguna de ellas.

Bach sabía que cambiando geográficamente de lugar, atravesando fronteras, se sentiría más libre para crear, como efectivamente ocurrió.

A la muerte de Bach, cuando ya no puede crear más (y nadie puede superarlo) es cuando queda determinada una línea, una fecha que marca la terminación de la música barroca y el comienzo de la clásica. 
Es la muerte de Bach la que señala esa fecha como límite y no al revés.

Bach, superando todas las fronteras de la música, alcanza una cúspide que conocemos como polifonía, agregando además el conocimiento que tenía de la música que lo precedió. En ese punto, ya no quedaba mucho más por decir (o componer), y da comienzo la música clásica (hasta 1815) y luego la romántica (siglo XX). 4

Bach era incapaz de amoldarse a las rutinas al protocolo y a los caprichos de los príncipes a los que sirvió así como al séquito que los rodeaba.



Casi 2 siglos más tarde el arquitecto americano Frank Lloyd Wright (1867-1959) decía: «La ley y las reglas están hechas para el hombre medio. Es infinitamente más difícil vivir sin reglas, pero eso es lo que los hombres de pensamiento realmente honesto y sincero están forzados a hacer».

No respetarlas tuvo consecuencias para él, como cuando huyó con la esposa de un cliente, y salió de las fronteras de su estado con niños menores, cometió un delito federal que lo obligó a vivir 2 años en Europa, y postergar su desarrollo profesional hasta que su «falta» fue perdonada y socialmente tolerada por clientes y autoridades.
Este ir y venir de las fronteras, me lleva a recordar la certeza de un músico, que sabía que habría un límite al reconocimiento de una obra según quien fuese su autor. Me refiero a Remo Giazotto (1910-1998).
El célebre Adagio en Sol menor de Tomaso Albinoni, en realidad, no es de él. Hoy sabemos que Remo Giazotto, (que nació 239 años más tarde) musicólogo italiano que clasificó y catalogó las obras de Tomaso Albinoni (1671-1751), fue el verdadero autor del conocido Adagio de Albinoni.

Seguramente, Giazotto sabía que el adagio sería más escuchado y valorado si él decía que simplemente lo había arreglado, y no que lo había compuesto. Una línea que pocos se animan a traspasar, dar un paso al costado, renunciando a una autoría y a un justo reconocimiento, para beneficiar a su partitura. 5

Algún placer íntimo debió de haberle dado, el saber que los amantes de la música no dudaban que su música, por su calidad, podía haber sido escrita por Albinoni.
En esta sucesión de ejemplos desearía agregar una frontera o límite más: la línea que muchas escritoras debieron aceptar para ser leídas; como cambiar su nombre real por uno masculino. Sin ser una frontera, si es una advertencia de hasta dónde no puedes llegar si la aceptas o lo que es lo mismo, hasta dónde puedes llegar desobedeciendo lo establecido. 6

Aquí, es muy oportuna esta visión que nos da Le Corbusier acerca de lo falso, lo que es rehecho y falsificado, al afirmar: «Creo en la importancia de la piel de las cosas, como en el rostro de las mujeres».
Al comienzo mencioné cómo la palabra Fronteras me había permitido pensar en personajes y lugares, y pude reconocer una gran cantidad de fronteras «interiores» que existen dentro de las fronteras «exteriores», las que identifica a aquellos que están o han quedado juntos o separados, son fronteras no siempre deseadas, y generalmente impuestas.

Podría pensarse que las fronteras no enriquecen, sino que por el contrario cercenan y al mismo tiempo dividen, identificando a quienes están de uno u otro lado.
Pero, también podría contradecir el párrafo anterior, diciendo que los arquitectos, tratamos de limitar (aunque sea conceptualmente) el espacio, y nos manejamos con superficies y volúmenes acotados, muchos pensamos que esa idea enriquece el espacio.


Cuando Le Corbusier (1887-1965) -seudónimo de Charles Édouard Jeanneret-Gris- en la Ville Savoye en Poissy, abre una ventana en una terraza, enmarcando una vista, no entendemos ese enmarque como una limitación a la vista generosa de un territorio abierto, sino que al limitar lo extenso, le da una propiedad particular, permite apreciarla de otra manera, le hace un homenaje a esa belleza.
Con esa decisión consigue tener una comunicación más personal e íntima con el paisaje que lo rodea.
Esto se observa también en muchas casas situadas cerca de lugares naturales, como el mar o la montaña, que tienen ventanas pequeñas.
La fuerza natural del exterior es tan fuerte y vital, que cuando sentimos la necesidad de escondernos en nuestra «cueva», una forma de sentir la «protección» interior es enmarcando y limitando las imágenes que desde dentro tenemos de ese afuera.



El poeta Camilo Sánchez hace decir a Johanna la cuñada de Vincent Van Gogh «…Es cierto que la patria se compone finalmente de la lista de paseos que puedas dar a pie alrededor de tu pueblo». (La viuda de los Van Gogh, Editorial Edhasa).


Cuando en ciertos lugares, por ejemplo en algunas islas griegas, se ve una pequeña ermita o capilla y una línea de color alrededor para señalar su límite o borde, sabemos dónde está la parte pública y la privada de esa construcción. Ambas se retroalimentan, no podría existir una sin la otra, y la escala o las dimensiones del espacio, toman forma gracias a esa línea.

Esa dualidad, es la que me permitió entender también que ante ciertas fronteras, el ser humano busca, y muchas veces encuentra, maneras de crecer (y ser).
No siempre lo limitan, a veces son un punto de partida y no solo de llegada.

Hugo A. Kliczkowski Juritz


Notas
1
Este artículo se publicó en la revista coencuentros el 6 de febrero de 2018

2
La ideología como frontera o la persecución al otro.


Konstantin Melnikov: fue un destacado arquitecto ruso, innovador y vanguardista. Uno de los principales representantes del constructivismo ruso, movimiento de vanguardia surgido en 1914, dentro del arte y la arquitectura, con mucha presencia después de la Revolución de Octubre de 1917.
Casa de Melnikov en Moscú (1929)


3
Un juego sin fronteras, donde nada está rígidamente establecido


http://hugoklico.blogspot.com.es/2017/11/la-magia-de-xul-solar-por-hakj-parte-1.html
Xul Solar (su verdadero nombre era Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari), era una persona excéntrica, original, culta, estudiosa y autodidacta, versado en astrología, ciencias ocultas, idiomas y mitologías. Experto en la confección de cartas astrales y artista.
Fue un gran creador, e inventor -entre otros-, del panajedrez, que contaba con 144 casilleros y 62 piezas, en lugar de los 64 casilleros y 16 piezas del ajedrez tradicional.
Su amigo Jorge Luis Borges (1899-1986) -dentro del Museo de Xul Solar en Buenos Aires hay una placa que pone que Borges y Xul eran hermanos espirituales- lamentaba las reglas del juego, «yo nunca entendí ese juego... Él daba una explicación, digamos, de tal regla del juego; cuando uno la había entendido, cuando yo la había entendido con mucha dificultad, porque soy de pensamiento lento, entonces ya Xul había ido más adelante y había modificado lo que acababa de enseñarme; entonces me comunicaba esa modificación, pero esa modificación la dejaba atrás también enseguida…»

4
Una creatividad sin fronteras

https://hugoklico.blogspot.com.es/2016/12/johann-sebastian-bach-los-cambios-la.html

El clave bien temperado o bien templado, fue su legado para demostrar cómo con la «nueva» armonía, se podían escribir preludios y fugas en todas las notas de la gama cromática con sus tonalidades mayores y menores.

En la Historia de la música, se suele definir al Barroco musical como un período de 150 años, que van desde 1600 hasta la muerte de Bach en 1750.



Dejo estos links del film, uno de ellos en el metro, maravilloso.


Sin dar más detalles los invito a ver ambos.



https://youtu.be/DW_vuwUqeb8
https://youtu.be/NyrAzZyjO8g










5
Se sabe que es una obra original de Remo Giazotto porque el fragmento de Tomaso Albinoni, que supuestamente Giazotto encontró, solo disponía del pentagrama del bajo y de seis compases de la melodía.



6
La frontera del género.
Autoras que usaron seudónimos de hombres para que su creación fuese reconocida y valorada. Y conseguir –como así fue- que se le diera más importancia al texto que al género de sus autoras.

Fernán Caballero en realidad era Cecilia Böhl de Faber y Larrea (1796-1877)
Amantine Lucile Aurore Dupin (1804-1876) publicó bajo el seudónimo de George Sand.
Las hermanas Brontë (entre 1816-1855) publicaron como Currer Bell, Ellis Bell y Acton Bell.
George Eliot fue el seudónimo masculino de Mary Ann Evans (1819-1880).
Louisa May Alcott (1832-1888) utilizó el seudónimo de A. M. Barnard.
Víctor Catalá fue el seudónimo que utilizó Caterina Albert (1869-1966).
Katharine Burdeckin (1896-1963) utilizó el seudónimo Murray Constantine
Joanne Rowling (1965) utilizó iniciales J. K. Rowling y no su nombre Joanne, siguiendo los consejos de su primer editor.
Laura Albert (1965) firmaba como J. T. Leroy. Tiene por ello una condena por fraude, daños y perjuicios, por haber firmado como hombre siendo una mujer.
7
-arquitecto, ha obtenido varios premios y menciones en concursos nacionales de arquitectura.
Entre ellos el premio DINERS de la Bienal de Buenos Aires.
- antiguo director de Le Monde diplomatique en español.
- fue profesor adjunto de diseño en la Universidad de Bs Aires.
- fue director del programa de radio “urbanidad” en Radio Splendid.
- cofundador de las revistas Ambiente, Espacios CEPA y Casa Internacional
- editor de libros de arte y arquitectura (editorial HK y Asppan)
- Editó más de 600 libros, traducidos a 14 idiomas, y coeditado más de 300 títulos con importantes grupos editoriales de todo el mundo. Varios de ellos obtuvieron 10 premios editoriales y han sido incluidos en exposiciones.
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